jueves, 4 de febrero de 2010

La libertad: nuestra responsabilidad.


Que no. No por ser jóvenes tenemos la necesidad (ni la obligación) de hablar del botellón, del ocio alternativo o de aventuras y desventuras amorosas. Y precisamente por ser jóvenes tenemos la responsabilidad de tomar parte en todos los debates importantes que afectan a nuestra ciudad, a nuestro país y al mundo en que nos ha tocado vivir.

Por ello, y aprovechando la onomástica que por estos días se celebra, recapacito sobre algo: la libertad no está garantizada.

Entre la noche del 9 de noviembre de 1989 y la mañana del día siguiente se produjo la caída del Muro de Berlín, la “vuelta” (wende), que se dice en Alemania usando un lenguaje políticamente correcto; no cabe ninguna duda de la trascendencia histórica de este hecho, fruto del colapso del socialismo real que durante más de cuatro décadas subyugó a los pueblos de la Europa del Este sovietizado. Ello, que supuso el fin de la Guerra Fría, llevó a algún historiador (estoy pensando en Fukuyama) a afirmar que a partir de 1989 se había acabado la historia, y que la evolución posterior iba a ser el triunfo inexorable e indiscutible del sistema capitalista y la democracia liberal.

Muchos de nosotros no fuimos conscientes en aquel momento de lo que ocurría, por no tener aun conciencia política, o incluso por no haber nacido…no sabemos de la Europa en guerra más que por los libros; pero lo cierto es que cada 9 de noviembre se cumple un nuevo aniversario de la caída de uno de los símbolos más emblemáticos de la intolerancia, el autoritarismo y la mentira. Y a pesar de ello, aún hoy nos encontramos con personas (y pienso ahora en esa imagen de “nuestros” socialistas, puño en alto, en Rodiezmo) que defienden ese sistema que, como quedó demostrado, no solo no triunfó en ningún país del mundo sino que además hizo sistemáticamente lo contrario de lo que predicaba: cercenó las libertades de los individuos.

El derrumbe del llamado “socialismo real” supuso el colapso de una serie de gobiernos despóticos, arrogantes, corruptos… cada vez más aborrecidos por sus poblaciones empobrecidas, engañadas, desmoralizadas y hartas del abuso de poder, de la arbitrariedad y de la opresión… ¿os suena de algo? Porque a mi me está recordando en cierto modo a los tintes pseudos-progresistas de un Gobierno que niega una crisis económica, para después admitirla y culpar a otro (no importa quién: neoliberalismo, imperialismo, oligarquía, medios de comunicación… ¡o incluso sus propios ministros!), que gobierna a golpe de decreto ley aboliendo por la vía de hecho los trámites parlamentarios y el consiguiente debate democrático, que es cómplice, y por tanto culpable, de la opresión lingüística que sufren algunos ciudadanos.

La moraleja que hemos de tener presente estos días de celebración de la caída del comunismo (igual que con la del fascismo) es que un gobierno que niega la democracia y la libertad a los gobernados, además de deslegitimarse, se niega a sí mismo la capacidad de autocrítica, que es condición sine quanon para la regeneración y la renovación. No hay que instaurarse en el éxito de la democracia liberal que previó Fukuyama, pues los enemigos de ésta siguen al acecho.

Nosotros no hemos conocido una Europa en guerra, no hemos sido conscientes de la caída del Muro, ni tampoco vivimos la dictadura en nuestro país. Pero no por jóvenes estamos exentos de la responsabilidad de velar por el mantenimiento de esa libertad que tanto ha costado conseguir… Comenzando por el presidente que llevamos sufriendo ya 5 años, y continuando por otros iluminados que se dan cita en el mundo de nuestro tiempo, tenemos la obligación de denunciar todos y cada uno de los ataques a la democracia. Tenemos la obligación de trabajar por la libertad.




ANA COLLADO JIMÉNEZ.